Decidir profesionalizar define el rumbo, pero la realidad es que los fundadores se encuentran ante la disyuntiva de que también puede significar perder el alma del negocio.
Con el crecimiento y el aumento de la complejidad, se requieren más estructura, más procesos y controles, más especialización, lo que implica la necesidad de talento externo. Todo esto cambia las reglas del juego y el rol que ha desempeñado el fundador.
El dilema no es entre empresa familiar y empresa profesional, sino entre empresa familiar improvisada y empresa familiar institucional. ¿Y qué significa institucionalizar? Significa contar con procesos de toma de decisiones claros, roles y responsabilidades definidos, sistemas de información y criterios de desempeño claros. Mientras tanto, la familia puede seguir liderando, pero con reglas claras, sin inventar la empresa todos los días.
Por otra parte, ¿qué significa cultura familiar? Se considera que implica la presencia en la empresa de ciertos valores, como la visión de muy largo plazo, el compromiso con la empresa, la cercanía con clientes y colaboradores, y también el sentido real del legado.
El grupo HERDEZ, gigante mexicano de la industria alimenticia, ahora está liderado por Héctor Hernández Pons, nieto del fundador, quien en un reportaje de la revista Expansión explica los cambios que le han tocado implementar para mantenerse como empresa familiar, impulsar el talento, darles independencia a las direcciones y asignarles responsabilidades claras. Contó con asesoría externa y aprovechó el talento de sus directores para desarrollar un estilo diferente al de la empresa, tras el de su abuelo, su papá y su tío.
Institucionalizar es una tarea que lleva tiempo. Pasa por diferentes etapas: en la empresa del fundador, las decisiones son centralizadas y se basan en la intuición, después llega la empresa familiar en expansión con más miembros de la familia participando y mayor complejidad. Si la empresa sobrevive, llega la empresa institucionalizada con gobierno corporativo, procesos formales y talento externo.
Sin embargo, aparecen dos grandes riesgos: no profesionalizar o hacerlo mal. Las consecuencias del primero son la aparición de conflictos familiares, la dificultad para atraer talento externo y una dependencia excesiva del fundador, lo que acarrea desastres. El segundo es el resultado de copiar modelos corporativos que no se ajustan; se pierden los valores del fundador y la empresa se vuelve burocrática.
Durante el proceso de institucionalización el rol del fundador cambia, de tomar decisiones e impulsar el crecimiento a transmitir valores, diseñar la institución y preparar la sucesión. Se pasa de un rol operativo a uno institucional.
La profesionalización debe hacer sostenible la cultura familiar a lo largo del tiempo.
¿Y tú, ya estás haciendo la transición hacia la institucionalización en tu empresa?
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