Indiscutiblemente, estamos viviendo tiempos inciertos: inestabilidad cambiaria, crecimiento económico lento, guerras, retrocesos políticos, tasas de interés altas y más. Entonces, la pregunta estratégica se convierte en: ¿En qué vale la pena invertir mientras los demás esperan? La pregunta clave es si es el momento de invertir o si es mejor guardar la liquidez y esperar tiempos mejores.

En casi todos los ciclos económicos las empresas líderes no dejan de invertir, pero sí ajustan el tipo de inversión. En estrategia se distinguen tres tipos de inversión: defensiva, es la inversión necesaria para proteger la operación actual, por ejemplo, automatización, nuevo software o modernización de la flota de distribución. Estratégica: son las inversiones para construir las ventajas competitivas del futuro, por ejemplo, branding, tecnología o desarrollo de talento; y oportunista: este tipo de inversión aprovecha el momento del ciclo económico y se materializa en momentos de incertidumbre. Por ejemplo, aprovechar los bienes raíces premium a precios de descuento, adquirir competidores en dificultades y aprovechar otras oportunidades de mercado.

Hace muchos años me contaba don Moisés, empresario de la CDMX: “Yo invierto cuando todos los competidores se asustan con la crisis; voy con los fabricantes de maquinaria y, como soy prácticamente el único cliente, logro los mejores precios y tiempos de entrega. Las máquinas empiezan a llegar cuando está acabando la crisis y empiezo a producir y a ganar mercado, mientras mis colegas todavía están pensando en comprar”.

La mayoría de las empresas piensan como los competidores de don Moisés: congelan las inversiones, llevan los proyectos al mínimo y guardan celosamente la liquidez.

Los empresarios, como don Moisés, mantienen inversiones selectivas, profundizan en el análisis estratégico antes de decidir, pero no se paralizan y también alistan capacidades para el siguiente ciclo económico.

El empresario líder se vuelve prudente, no se paraliza, busca siempre la claridad estratégica y la relevancia del modelo de negocio.

La parálisis aparece cuando la empresa teme equivocarse y evita o pospone las decisiones difíciles. En entornos complejos, las inversiones más valiosas son las que fortalecen capacidades y no solo las que aumentan el volumen. En las empresas familiares, la tensión exige una habilidad estratégica clave: invertir con precisión, en lo correcto y en el momento adecuado. No tiene campo de maniobra; no se pueden equivocar.

La cuestión estratégica no es si invertir o no, sino en qué vale la pena invertir mientras otros permanecen paralizados.

Y tú, ¿qué decisión estás posponiendo?