La frase común sostiene que “empresa que no crece, perece” y se apoya en evidencia empírica. Los competidores toman ventaja, consiguen economías de escala que usan como herramienta competitiva, y los buenos colaboradores abandonan el proyecto en busca de otras empresas que les permitan crecer, desarrollarse y progresar.
Sin embargo, a veces el crecimiento no es señal de salud. A veces solo oculta problemas estructurales. Están todos tan ocupados con las tareas derivadas del crecimiento que los problemas de organización, procesos y control se van quedando relegados hasta que estalla la crisis.
En otras ocasiones, la ambición de crecimiento o la presión de alcanzar un tamaño tal que la competencia no pueda afectar hace que el crecimiento se convierta en un fin en sí mismo, no en un juego integrado con beneficio, rentabilidad y coherencia.
Lululemon es una empresa que surgió con el objetivo de proporcionar ropa adecuada para hacer yoga, principalmente para el mercado femenino. El timing y el diseño fueron una combinación ganadora. Pero el foco se fue perdiendo al acelerarse el crecimiento; primero se penetró en el mercado masculino. Después, se amplió al mercado deportivo en general y al mercado de la ropa informal, alejándose, en el proceso, del foco original del mercado de yoga para mujeres.
Las cosas se complicaron con la expansión geográfica. Salió el CEO y atacó públicamente al Consejo por decisiones erróneas y nombramientos inadecuados.
Con frecuencia las empresas medianas buscan nuevos mercados y desarrollan nuevos productos cuando todavía no dominan los actuales.
Crecer perdiendo el foco deteriora las ventajas competitivas y desorienta la organización. Ya no se sabe si Oxxo es una tienda de conveniencia, Doña Tota, institución financiera, agencia de pagos, cafetería o gasolinera, mientras el servicio se deteriora y, eventualmente, será solo una empresa inmobiliaria.
No siempre es indispensable crecer para las empresas; lo importante es hacerlo ordenadamente, tomando las decisiones que resultan de la decisión de crecer. Crecer con la estructura de organización y los personajes adecuados (quién va en el autobús), con los sistemas, controles y procesos que permitan escalar y mantener la participación de mercado y con la innovación constante que asegure que la propuesta de valor siga siendo relevante para el cliente y genere crecimiento para el talento interno. Mientras esto se logra en la empresa, lo mejor puede ser seguir en la etapa de consolidación.
Y tú, ¿estás listo para crecer?
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