Bill Collins, en su libro sobre negocios Good to Great, hace mucho énfasis en contar con el grupo de personas adecuado para emprender el viaje hacia el alto desempeño, esto es, hasta el nivel de excelencia de la empresa. Esto también implica bajar del autobús a los incorrectos, a los que no son adecuados para el viaje.  El principio es: “primero quién, después qué”.

Collins sostiene que, antes de la visión, antes que la estrategia o la estructura, es necesario armar un equipo de talentosos ejecutivos con quienes construir el rumbo, la estrategia y una organización orientada a alturas no ordinarias.

Las personas deben ser correctas en valores, disciplina, responsabilidad y carácter.

Antes de definir la estrategia, el talento es importante. Se requiere personal que se autogestione, necesite poca supervisión y se automotive.

Por otra parte, Jamie Dimon, CEO de JP Morgan el banco más grande del mundo declaró en una entrevista: “te tienes que deshacer de los malos ejecutivos, los que no pueden ya con la tarea asignada, y no importa si son buenas gentes, amigos del jefe y de todo el mundo y llevan un tiempo en la empresa, pero hace tiempo que sus resultados no son los que necesita la empresa en el presente y menos en el futuro”.

Estos personajes tienden a quedarse en la empresa por lealtad, como si la organización tuviera que respetar la antigüedad por encima de la eficiencia y del cumplimiento de los objetivos de la empresa.

Lo importante es a quién debe ser leal la empresa: al empleado histórico que detiene la buena marcha del negocio y daña la cultura de logro y efectividad; a los otros colaboradores que sí cumplen y hacen que la empresa avance; o a los clientes que esperan lo mejor de nuestra empresa. La falla en los resultados de una persona afecta al equipo completo.

Con estos colaboradores limitados no se pueden proyectar visiones ambiciosas u objetivos exigentes; por eso, Collins recomienda primero el equipo: el autobús con la gente correcta, dejando fuera a los que no son.

Por supuesto el líder de la empresa, fundador o CEO debe ser él o ella mismos, capaz y con los merecimientos para estar en el autobús, de ganarse su sitio y guiar a los colaboradores estrella en las conversaciones y debates y lograr que, sin importar cuál sea el rumbo elegido, todos apoyen esas decisiones sin buscar beneficios personales o departamentales.

Los principios de Collins y las declaraciones de Dimon no se contradicen; son manifestaciones de un liderazgo fuerte y de una cultura de alto desempeño. Los dos ayudan a los líderes a construir equipos sólidos capaces de llevar a la empresa al éxito y al crecimiento sostenido.

Y tú, ¿a quién llevas en el autobús?