La complacencia es, según los expertos en liderazgo, el mayor enemigo del éxito en lo personal, espiritual y en las organizaciones.
¿En qué consiste la complacencia? Es el estado de ánimo en que los líderes y las empresas dejan de cuestionarse y de avanzar porque creen que el éxito del pasado garantiza el futuro.
En las empresas este estado se manifiesta en la comodidad con que se piensa en el futuro, cuando por los buenos resultados se asume que está controlado el mercado, que ya no es relevante la competencia y por eso los clientes están asegurados.
Caer en la complacencia es un proceso lento que va penetrando en las ideas y creencias después de un triunfo o con la estabilidad de ingresos, utilidades y bonos. La complacencia adormece la curiosidad, ya no se buscan nuevas ideas u oportunidades; se llegan a lograr metas, pero no se establecen otras más desafiantes, la reacción se vuelve lenta, poco flexible ante los cambios del mercado o la tecnología, los datos que no van con la idea actual de negocio no se registran o simplemente se deprecian.
Así es como vemos empresas que pierden relevancia para el mercado, que se detienen o se atrasan en la innovación o se desconectan de los clientes y las demandas reales. Desde empresas medianas hasta grandes conglomerados como Blackberry (declaró el CEO: “no hicimos nada mal”, pero desaparecieron).
Las empresas y las personas deben ser disruptivas, aunque ya sean líderes del mercado, requieren crear equipos internos que busquen la manera de desarrollar ideas para desafiar el status quo con nuevos enfoques.
Tener una visión retadora de largo plazo sirve para establecer parámetros de comparación más agresivos a los indicadores del pasado.
El líder debe practicar la autocrítica, escuchar al Consejo, analizar los resultados del proyecto 360° y, sobre todo, escuchar al cliente.
Y tú, ¿dónde estás: satisfecho o cómodo? ¿Qué debes cuestionarte a ti mismo o a tu empresa?
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