Un fenómeno que he observado con frecuencia es ese efecto de la monotonía que viene después de sentir la adrenalina del start-up o de la transición del fundador al heredero mientras se convierte en empresario.

Durante el arranque de la empresa, el emprendedor vive en una montaña rusa de éxitos y fracasos, reales o temidos, esa urgencia de construir algo con euforia e incertidumbre.

Para muchos nuevos emprendedores las emociones fuertes empiezan un miércoles tratando de conseguir dinero para la quincena, el IMSS y otros compromisos. Cobrar, pedir, empeñar, hipotecar y otros verbos de la administración son el vocabulario de todos los días.

Cuando la empresa y el empresario sobrevive a este caos llega la etapa del crecimiento sostenido y con esto la profesionalización, políticas, los procesos, rutinas, los comités y una mayor estabilidad. Luego disciplina y formalización llegan a ser los nuevos términos de uso en la compañía.

Más adelante aparece la monotonía, surge el deseo de un cambio de vida, de rol y de fuente de las endorfinas, provocando desgaste y haciendo que el fundador reaccione de diversas maneras:

  • Desconexión del negocio. El fundador se desconecta, ya no se necesitan sus habilidades de arranque y no se ha aprendido los nuevos roles y habilidades para la nueva etapa.
  • Micromanagement. Intenta recuperar el “control” cuando ya hay sistemas, KPI´s políticas, auditorías, etc., que mantienen a la empresa bajo control.
  • El sabor del mes. El empresario intenta continuamente nuevas ideas sacadas de podcasts, libros, conversaciones, consultores y la organización resiente el esfuerzo para procesar lo nuevo y entender su aplicabilidad, lo que lleva a un desgaste en las relaciones con los nuevos líderes, familiares o profesionales.
  • Finalmente, en casos extremos, los psicólogos mencionan “la confusión de propósito”, es decir, no sabe si su rol es vital o prescindible y también se pregunta “¿opero o creo cosas?”, lo que causa inestabilidad personal que se transmite a la organización.

 

Ante estas manifestaciones el empresario tiene que hacer un autoanálisis profundo e iniciar la maduración, o bien, contratar un coach para recibir guía durante la transición. Un empresario de servicios profesionales concluyó: “yo soy vendedor, hazme una organización que opere y yo pueda hacer lo que me gusta, que viva tranquilo y también mi gente”.

El empresario de la nueva etapa tiene la oportunidad de vivir una monotonía en modo de “madurez” como clave para el éxito del largo plazo. Significa saber crear nuevos retos, innovaciones, emprendimientos y aprender nuevas habilidades sin aquella adrenalina inicial y permitir a la organización trabajar en esa nueva monotonía, indispensable para generar riqueza, crecimiento y prosperidad.

Y tú, ¿en que etapa estás, monotonía, adrenalina o monotonía acelerada?