Según los científicos sociales, vivimos rodeados por murallas similares a las que rodean los castillos antiguos, algunas virtuales y otras tan reales como las paredes de edificios y oficinas. Ahí nos sentimos protegidos, aislados de todos los personajes, colaboradores, clientes, proveedores o competidores. El problema se presenta cuando el ejecutivo, el director o el gerente se instala en su “torre de cristal” y desde lo alto observa números, reportes, gráficas o tendencias y sólo con esas piezas de información intenta dirigir la empresa. Tiene todos los datos a la mano, pero pierde contacto con la realidad de la gente y el mercado. La torre de cristal protege, sí, y también aísla.
El aislamiento provoca que la distancia emocional aumente con los colaboradores y se reduce la confianza, deteriora la moral y la cultura de la empresa.
El líder vive desconectado de sus clientes, de las verdaderas necesidades, y al no estar en contacto con los competidores y principales proveedores no puede detectar oportunamente movimientos y cambios estratégicos.
Por más detalles de números y gráficas que tenga a su disposición, la información para tomar decisiones va a estar incompleta y las decisiones desviadas.
A veces el aislamiento se produce por la carga excesiva de trabajo administrativo. El líder se convierte en el paper manager y a veces eso le sirve como refugio.
Sin embargo, otras veces las causas son más personales, como el miedo al conflicto para evitar a los colaboradores difíciles o a clientes exigentes o un viaje del ego que supone que el nivel organizacional lo exime de esos trastornos humanos.
Seguramente te ha tocado observar que la cultura se deteriora, los valores se debilitan y la innovación se pospone. El talento emigra a otras latitudes y aparecen los riesgos estratégicos no detectados a tiempo.
Para cambiar este comportamiento, el líder primero debe revisar su carga de trabajo y delegar todo lo posible. Con la IA ahora puede diseñar programas y rutinas que hagan el análisis automáticamente y dejen tiempo para otras tareas también relevantes como estar en contacto con la gente.
El liderazgo de los niveles directivos no sólo es estratégico. Ante los cambios en el mundo y en los negocios también debe ser relacional, pero algunos líderes siguen en sus torres de cristal, pensando y proyectando, analizando y ordenando sin contacto con clientes, mercado, colaboradores, cámaras empresariales entre otros.
Además, de delegar algunas prácticas sencillas pueden ayudar al líder a salir de su aislamiento y oxigenar su liderazgo:
- Rondas por las instalaciones. Las “rondas positivas” se hacen para encontrar a alguien haciendo algo bien y reconocerlo.
- Programa de visita a los clientes o al área donde suceden las ventas
- Prácticas de encuentro – desayunos, juntas con grupos de colaboradores.
- Monitoreo de competidores. Asistencia a ferias y expos, entre muchas otras posibilidades.
Y tu, ¿Qué tanto habitas tu torre de cristal?
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